MI HISTORIA
La historia detrás de Aracely Cretier
Mi historia comenzó mucho antes de las tiendas, de las cámaras y de los reconocimientos.
Comenzó en Chiguayante, con una niña observadora que aprendió demasiado pronto a cuidar, organizar y buscar soluciones. Continuó con la maternidad adolescente, la llegada a Santiago, la banca, el emprendimiento y un perro llamado Kapú, que transformaría para siempre mi relación con la vida y con los animales.
Esta no es una historia perfecta de éxito. Es una historia de esfuerzo, errores, aprendizajes, pérdidas, reconstrucciones y personas que aparecieron en el momento correcto.
Antes de aprender a construir empresas, aprendí a observar, cuidar y encontrar soluciones.

EL ORIGEN
Antes de emprender, aprendí a observar
Desde pequeña miraba el mundo con una atención que muchas veces no sabía explicar.
Observaba cómo se relacionaban las personas, qué necesitaban, qué faltaba y qué podía hacerse para resolverlo. Organizaba actividades, ayudaba en mi comunidad, daba clases particulares y tomaba iniciativas incluso antes de comprender que esa manera de pensar terminaría acompañándome durante toda mi vida.
Durante años creí que mi historia empresarial había comenzado cuando fundé mis primeras empresas. Hoy entiendo que empezó mucho antes.
Empezó en esa niña que observaba, conectaba información y buscaba soluciones. En la niña que no siempre tenía los recursos necesarios, pero intentaba encontrar un camino.
La empresaria no apareció de pronto. Ya estaba en la niña que miraba, preguntaba y resolvía.


MATERNIDAD Y RESPONSABILIDAD
Jean Paul y yo crecimos juntos
Me convertí en madre durante la adolescencia.
Mientras muchas personas de mi edad todavía intentaban descubrir quiénes eran, yo aprendía a estudiar, trabajar, cuidar y tomar decisiones que ya no me afectaban solamente a mí.
Jean Paul y yo crecimos juntos.
No tenía todas las respuestas ni una vida perfectamente organizada. Tenía miedo, responsabilidades y una necesidad muy concreta de salir adelante.
La maternidad no borró a la niña que yo era, pero la obligó a crecer antes de tiempo. También fortaleció una capacidad que ya existía en mí: sostener, resolver y seguir avanzando incluso cuando el camino no estaba claro.
No quiero contar esta etapa como una hazaña ni convertirla en una historia idealizada. Fue difícil. Cometí errores. Aprendí mientras vivía.
Pero también fue el comienzo de una relación que ha marcado profundamente mi vida.
No llegué a la adultez de una sola vez. Fui creciendo junto a mi hijo.
APRENDER DESDE LA EXPERIENCIA
La ciudad donde aprendí a construir
Llegar a Santiago significó comenzar nuevamente.
Mi experiencia en Santander y BCI me entregó conocimientos sobre clientes, finanzas, operaciones hipotecarias, procesos y negocios. Trabajé durante años en un entorno que exigía precisión, responsabilidad y capacidad para entender problemas complejos.
Pero lo más importante no apareció en los manuales.
Aprendí a escuchar lo que una persona necesitaba, incluso cuando todavía no sabía explicarlo con claridad. Aprendí a ordenar información, anticipar dificultades y buscar alternativas posibles.
La banca me entregó herramientas profesionales. También confirmó algo que ya venía conmigo desde la infancia: frente a un problema, mi mente comenzaba inmediatamente a buscar una solución.


MI PRIMERA EMPRESA
La pregunta que cambió mi camino
Cretier Pro nació antes que Club de Perros y Gatos.
Su origen estuvo en una pregunta sencilla:
“¿Por qué no lo hago yo?”
Después de años trabajando en banca y operaciones hipotecarias, comprendí que podía transformar mi experiencia en un servicio propio.
No tenía un gran plan de expansión ni una narrativa elaborada sobre emprendimiento. Tenía conocimientos, experiencia y la convicción de que podía hacer las cosas de una manera diferente.
Crear mi primera empresa significó dejar la seguridad de una estructura conocida y asumir la responsabilidad completa por mis decisiones.
También me permitió descubrir que emprender no consistía solamente en tener una idea. Exigía sostener procesos, administrar recursos, resolver problemas, construir confianza y aprender a convivir con la incertidumbre.
La independencia comenzó cuando dejé de preguntarme quién podía hacerlo y entendí que también podía hacerlo yo.
EL VÍNCULO QUE CAMBIÓ TODO
Kapú llegó cuando yo también necesitaba ser encontrada
Kapú llegó a mi vida durante un periodo de depresión, cansancio y desconexión.
En ese momento yo todavía no podía imaginar que aquel perro pequeño terminaría transformando mi forma de mirar a los animales, los negocios y mi propia historia.
Sus problemas de salud me obligaron a investigar, preguntar y buscar especialistas. Muchas veces no sabía dónde acudir, qué producto elegir ni cómo distinguir una recomendación adecuada de una respuesta insuficiente.
A través de él comprendí la angustia de las familias cuando un animal se enferma. Comprendí cuánto necesitamos encontrar profesionales que expliquen con claridad, productos adecuados y lugares donde alguien pueda orientarnos con criterio.
Pero Kapú hizo algo todavía más profundo.
Me enseñó otra forma de amar.
Una forma de amor sin exigencias, sin estrategias y sin condiciones.
Yo creía que estaba cuidando a Kapú. Con el tiempo comprendí cuánto me estaba cuidando él a mí.



Michelle Bachelet junto a Kapú, durante una actividad vinculada al impulso del Programa Nacional de Tenencia Responsable, 2013.
TENENCIA RESPONSABLE
Antes de las tiendas, apareció una causa
Mi relación con el mundo animal no comenzó con la apertura de una tienda.
Antes de que existiera Club de Perros y Gatos, ya existían las preguntas, las conversaciones con especialistas, las propuestas y la necesidad de contribuir a una relación más responsable con los animales.
En 2013 participé activamente en la promoción de un Programa Nacional de Tenencia Responsable.
Para mí, la tenencia responsable nunca ha significado únicamente alimentar o llevar a un animal al veterinario cuando se enferma.
Significa comprender que es un ser capaz de sentir. Significa prevenir, educar, identificar, esterilizar cuando corresponde, respetar sus necesidades y asumir un compromiso durante toda su vida.
La causa apareció antes que el negocio porque nació de una experiencia personal.
Yo había sentido la incertidumbre, la falta de respuestas y el miedo de no saber cómo cuidar mejor.
No quería que otras familias tuvieran que recorrer ese camino completamente solas.
El Club nació después. La necesidad de ayudar apareció primero.
CLUB DE PERROS Y GATOS
Una empresa que nació buscando respuestas
Club de Perros y Gatos comenzó buscando productos y soluciones que yo no encontraba con facilidad en Chile.
Lo que nació como un proyecto digital fue creciendo hasta convertirse en una red de tiendas, comercio electrónico, farmacia veterinaria, asesoría especializada, contenidos y una comunidad formada por miles de familias.
El crecimiento no fue lineal ni sencillo.
Hubo decisiones correctas y errores costosos. Hubo momentos de expansión, incertidumbre, agotamiento y crisis. También hubo equipos, clientes y profesionales que ayudaron a construir algo mucho más grande que una tienda.
Con el tiempo comprendí que el verdadero valor del Club no estaba solamente en vender alimentos, medicamentos o accesorios.
Estaba en ayudar a las familias a elegir con más información.
En escuchar sus preguntas.
En comprender que detrás de cada compra podía existir una preocupación, una enfermedad, una etapa de la vida o una historia de amor.
Club de Perros y Gatos comenzó como una empresa, pero las familias lo convirtieron en una comunidad.

ACCIÓN Y COMUNIDAD
Cuando ayudar también significa coordinar
Desde 2019, las emergencias y catástrofes me han encontrado cumpliendo un rol que conozco bien: conectar.
Muchas veces, frente a una tragedia, existe una enorme disposición a ayudar. Personas, empresas y proveedores quieren colaborar, pero no siempre saben qué se necesita, dónde debe llegar o quién está coordinando en el territorio.
Mi papel ha sido utilizar las redes construidas durante años para conectar empresas privadas, proveedores, Colmevet, municipalidades, médicos veterinarios, organizaciones y comunidades.
No he intentado reemplazar a las instituciones ni a los equipos técnicos.
He tratado de escuchar, respetar la coordinación oficial y ayudar a que alimentos, medicamentos e insumos lleguen de forma responsable a quienes realmente los necesitan.
Estas acciones no representan campañas ocasionales para obtener visibilidad.
Son una expresión concreta de la responsabilidad que también puede asumir una empresa cuando la comunidad más la necesita.
La buena intención es importante. Pero para transformarla en ayuda real también se necesita coordinación.

CLUB DE PERROS Y GATOS TV
Una empresa que decidió crear televisión, no solo publicidad
Club de Perros y Gatos TV nació desde una convicción: las familias necesitan mucho más que promociones de productos.
Necesitan especialistas que expliquen, historias que acompañen y preguntas que representen sus inquietudes reales.
No soy médica veterinaria y nunca he intentado ocupar ese lugar.
Mi función como creadora y conductora es escuchar, preguntar y facilitar conversaciones que conviertan el conocimiento técnico en información comprensible y útil.
El programa reúne médicos veterinarios de distintas especialidades, figuras públicas, organizaciones, historias de adopción y familias.
En cada conversación intento formular las preguntas que muchas personas harían desde sus casas: las preguntas de alguien que ha cuidado, temido, buscado respuestas y necesitado comprender.
El especialista tiene el conocimiento.
Las familias aportan sus inquietudes.
Y la comunicación construye el puente entre ambos.
El programa no nació para vender productos. Nació para entregar criterio.


Empresaria del Año, Colchagua Business Veterinary, 2024.
EMPRESARIA DEL AÑO 2024
Un reconocimiento que también hablaba del camino
En 2024 fui reconocida como Empresaria del Año durante el Colchagua Business Veterinary.
Recibir este premio dentro de la propia industria tuvo un significado especial.
No lo sentí solamente como un reconocimiento al crecimiento de una empresa. También representaba una trayectoria construida desde la independencia, la innovación, la educación, la comunidad y una forma diferente de integrar negocio y propósito.
Los reconocimientos no borran los errores ni las etapas difíciles.
Tampoco convierten una historia compleja en una línea perfecta de éxito.
Pero pueden detenernos por un momento y permitirnos mirar todo lo recorrido.
Para mí, también fue una forma de honrar el camino que comenzó muchos años antes, cuando Kapú me llevó a descubrir un mundo que cambiaría para siempre mi vida.
Un premio puede reconocer el resultado. Pero solo una conoce todo lo que tuvo que atravesar para llegar hasta allí.
AUTORÍA
La historia que necesitaba contar
Durante mucho tiempo pensé que estaba escribiendo un libro sobre Kapú.
Al avanzar, comprendí que también estaba escribiendo sobre la niña que fui, la madre en la que me convertí y la mujer que había aprendido a sostenerlo todo.
Kapú y la niña que fui reunió partes de mi vida que durante años parecieron separadas.
Escribirlo no fue ordenar mi trayectoria profesional. Fue volver a mirar mi propia historia con más verdad y compasión.
Pensé que estaba escribiendo sobre Kapú. En realidad, él me estaba guiando de regreso hacia mí.

HOY
El lugar que elijo ocupar
Hoy no busco representar una especialidad médica ni convertirme en la voz de quienes tienen el conocimiento clínico.
Busco ocupar un lugar propio.
El lugar de una mujer que conoce la experiencia de las familias, que ha construido empresas, que ha cometido errores, que ha aprendido escuchando y que sabe conectar personas, conocimientos, recursos y oportunidades.
Soy empresaria, comunicadora y autora.
Pero antes de todos esos títulos sigo siendo la niña que observaba, la madre que aprendió mientras avanzaba y la mujer cuya vida cambió gracias a un perro llamado Kapú.
Mi trabajo continúa uniendo territorios que muchas veces se presentan por separado: empresa y propósito, comunicación y conocimiento, sensibilidad y criterio, memoria y acción.
No tengo una historia perfecta.
Tengo una historia real.
Y es desde esa verdad que quiero seguir construyendo.
Todo lo que construí comenzó con una forma de mirar. Todo lo que hoy quiero compartir nace de haber aprendido a mirar también hacia dentro.
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